divendres, 29 de maig de 2009

Tram TransAndalus Almería-La Carolina















Han sigut set dies pedalant, i dos de viatge i ha valgut la pena.
Desprès de molts, però que molts incidents mecànics i d'orientació en alguns casos, complim amb el planing, amb dos abandonaments el darrer dia per trencament de les bicis.

Han sido siete dias pedaleando, y dos de viaje, y ha valido la pena.
Despues de muchos, pero que muchos incidentes mecánicos y de orientación en algunos casos, cumplimos con el planing, y con dos abandonos el último dia por roperse las bicis.


Día 29 de Maig
Sortim de Barcelona/Pallejà a l'hora més o menys prevista amb dos vehicles i totes les màquines col.locadetes a una furgo. Arribem sense incidents a Almería, desprès de parada técnica a Puçol, amb un dinar a base d'arròs difícil d'oblidar, que seria d'altra banda un aperitiu dels tiberis que ens esperaben els propers dies de ruta. A la nit, tapeo a Almería, amb salve rociera inclosa, i un globus divertit de la que es escriu amb nomès dues copetes de vi blanc( ho prometo), nomès van ser dues, però és que sóc molt sensible.

Salimos de Barcelona/Pallejà a la hora más o menos prevista, con dos vehiculos y todas las maquinas colocaditas en una furgo. Llegamos sin incidentes a Almeria, despues de parada técnica en Puçol, con comida a base de arroces difíciles de olvidar, que por otro lado, seria preludio de las grandes comilonas que nos esperaban en los siguientes dias de ruta Por la noche, tapeo en la ciudad, con salve rociera incluida, y un globo divertido de la escribe solo con dos copitas de vino blanco (lo prometo), sólo fueron dos, pero es que soy muy sensible.

Dia 30 de Maig - Almería - San José - Aguamarga (90km. 965m+)

Ens dirigim a l'aeroport, a deixar els vehicles llogats, i muntem els equipatges, quina alegria, son les deu del matí i encara no em començat a fer via. Desprès d'un esmorçar "rumanès"? al kilómetre 0,5, ara sí, començem a pedalar, con más pena que gloria, per un terreny de sorra de platja, anem pedalant paral.lels al mar durant una bona estona. Al migdia arribem a San José , un petit poble costaner on ens reben amb una amanida de tomàquet i un altre arròs de peix: se m'està possant cara d'oriental.... Precioses vistes sobre el Cabo de Gata, amb un parell de rampes que no tenen desperdici, i un caminet vora el precipici que et posava ben alerta.

Nos dirigimos al aeropuerto, a dejar los vehiculos alquilados, y montamos los equipages, que alegria, son las diez de la mañana y todavía no hemos empezado a hacer ruta. Después de un desayuno rumano ?¿ en el kilómetro 0.5, ahora sí , empezamos a pedalear, con más pena que gloria por ser un terreno de tierra de playa, vamos pedaleando paralelos al mar durante un buen tramo. Al mediodia, llegamos a San José, un pequeño pueblo costero, donde nos reciben con una ensalada de tomate y paella de pesacado: se me está poniendo cara de oriental... Preciosas vistas sobre el Cabo de Gata, con un par de rampas que no tienen desperdicio, y un camino al ladito del precipicio que te hacia estar bien alerta.

EL RESTO DE LA CRÓNICA SE LA DEJO A NUESTRO CERVANTES PARTICULAR : MOLERO, QUE TIENE MÁS GRACIA QUE YO.

Dia 31 de Maig - Aguamarga - Uleila del Campo (64km 1.430m+)


Dia 1 de Juny : Uleila del Campo - Bacares. (43km 1.460m+)

Dia 2 de Juny: Bacares - Embalse de la Bolera (99km 1.450m+)

Dia 3 de Juny: Embalse de la Bolera - Hornos. (94 km 1.590m+)

Dia 4 de Junya: Hornos - Venta de los Santos. (73 km 1.105m+)

Dia 5 Juny: Venta de los Santos - La Carolina. (93km 1.800m+)




TransAndalus’09


Vamos allá…

Este año las termitas no fueron termitas, ni aunque actuaran como tales, ¡fueron follets! ¿en qué estaría pensando la Pan? Dios mío qué estragos pueden hacer los desequilibrios hormonales en el diseño de maillots…

¿Dionís, podrás perdonarme? Qué bonitas eran tus hormiguitas…

Follets, duendecillos, el gracejo andaluz (?) dijo. Casi ni conseguimos acostumbrarnos a ellos, con aquellas orejas puntiagudas y aquellos labios carnosos, ¿los recordáis? Eran como los Mick Jagger…

Pan, tenía que quedar escrito.

Me salto lo de recoger las furgonetas… todos fuimos puntuales y tal y nos encontramos con los que faltaban en Pallejá y mentimos como bellacos a la Pan cuando nos pusimos los maillots para la foto de salida y ante nuestras muecas, preguntó: no us ha agradat? Todo el mundo sí, que sí y más sí.

El familiar se listó el roadbook y lo que es mejor, lo trajo! Anda que no nos iba a hacer falta ni nada.

Autopista, follets o no, no nos saltamos el desayuno, que tomamos en una desangelada y cara estación de servicio, y pasadas 3 horas, Valencia, a comer en Puzol, restaurante el Molí, lugar y servicio muy agradables y comida nota 10, quizás la mejor de la travesía, gracias al “from my Blackberry”, ¡no es tan malo este chico! ¡Qué dos paellas comimos!

Más autopista, se hacía pesado, tomamos un refresco en Orihuela y finalmente llegamos a Almería a la hora que sería la habitual y que cumple a rajatabla la ley de la aerodinámica enunciada por el famoso físico Berni Lavinius Pescatore (1952): “Sea cual sea la distancia a recorrer los follets siempre llegan a la misma hora”.

Un NH, un mal rollo para meter las furgonetas en un parking por donde no cabían y donde no pasó nada gracias a la pericia de Antonio, (“…no conoces a Carlos Rebull? no? Es aquel que tiene una farmacia, al lado de la hija de….que por

cierto….”), nada que ver con el “silencioso” del año pasado.

Cómo dos personas con el mismo nombre pueden dar en personajes tan diferentes, eh?

Cenamos unas tapas en una tasca de una cofradía, buenas, aunque hacía falta estar bien colocado en la barra para pillar, como el familiar, el lacuevich, o la Pan o un servidor, no como el berni trasegando barra, mesa, barra, mesa y sin ver una miga, y la peña sentada… los hay cansados; con la salve rociera a medianoche, un paseo y un café a dormir.


1ª etapa: Almeria - Agua Amarga (90 km. 965 m+):

8 am en marcha y sin desayunar en el hotel porque era caro; devolvimos las furgonetas en el aeropuerto y suerte que el Berni montó la devolución ahí, que si no todavía estaríamos dando vueltas por Almería.

Empezamos a pedalear no muy finos en orientación ya que nos costó lo suyo dar con un bar para el primer mordisco. Tuvimos que preguntar a lugareños.

Seguimos la costa, brisa salada, mucha arena, ya pasa en las zonas de playa, hasta el parque de Cabo de Gata, donde ya antes de llegar el mecánico, el único, se pone a practicar al desmontársele la maneta del cambio/freno de su bici nueva. La cinta americana del escribidor empieza a demostrar su valía.


De lejos vimos los flamencos de la laguna que había en la playa del Cabo de Gata.

Ahí empezamos a darnos cuenta que el track estaba desplazado.

El cabo, el faro, los miradores, las playas, el sol, ¡un calor!… y en la duna móvil pinchazo de la rueda nueva de la bici nueva del mecánico. ¡Vale, ya no lo diré más!

Mientras la arreglan, hablamos con un pastor de un rebaño de cabras y nos interesamos por el número de cubrimientos de los machos, una curiosidad como cualquier otra.


En San José, unos cuantos nos bañamos en la playa mientras preparaban la paella en el restaurante Malibú sabiamente escogido por el salvauge.


Con la digestión se pierden primero el berni, y después el mecánico y el bestiola, y lo del track es peor de lo que pensábamos.

Muchos grados a la sombra, al sol más.

Cuesta arriba a pata y con la bici al hombro, riéndonos de los que suben los que ya hemos subido y en el último mirador al 61añero se le rompe un zapato que mi cinta americana arregla y arreglará varias veces más. ¡Señor qué cinta!

Empezamos la bajada y el llaneo hacia Rodalquilar, con su mina de oro abandonada, pasamos por el Cortijo del fraile (Bodas de sangre, ¿os acordáis del espectáculo de las pistas flanqueadas de aloes vera con el tallo enhiesto?) y ahí fue donde yendo juntos y un tanto descolgados del grupo el 61añero y el mecánico, éste pinchó de nuevo y perdimos muchísimo tiempo al no poder contactar por falta de cobertura y creer que los habíamos perdido. Al susodicho le daba igual la cobertura ya que llevaba el móvil apagado para no gastar batería.

Continuamos por falsos llanos y ramblas secas llegando a Agua Amarga, a la hora que arribaríamos cada día y que es anocheciendo.


En el Hotel Las Calas cenamos en la terraza al lado de un jardín japonés con temperatura de verano, charla animada y muy bien.

El mecánico ante la insistencia del respetable y habida cuenta del número de averías que llevaba ya, y era la primera etapa, se decidió a soltar la mosca y se pagó 2 botellas de cava Sumarroca brut, que correspondían a las averías del año pasado.

Qué razón tenía quién dijo eso de: “más vale tarde que nunca”.


Un paseo por el pueblo que estaba relativamente animado y a dormir.

La etapa que hicimos hoy era la clásica brad zul (neologismo manresano repetido frecuentemente) y no veas cómo nos fue.

Nos esperaban más brad zuls.

2ª etapa: Agua Amarga - Uleila del Campo (64 km 1430 m+)

Amaneció con un concierto de trinos y cantos de pajaritos magnifico. El de “from my blackberry” insensible a tanta belleza puso la tele, se la hice apagar.

Paseamos por la playa y desayunamos muy decentemente en el mismo lugar que la cena.

Empezamos subiendo y conforme ganábamos altura aprovechábamos para ver la vista del mar que dejábamos atrás; cogiendo una futura vía verde, un camino ameno en el que nos embriagaba el olor penetrante de la retama y nos alegraba la vista el amarillo de sus flores que cubría el paisaje, llegamos a Polopos, nos refrescamos en la plaza de la iglesia y descansamos a su sombra; y Lucainena, subimos al alto de la Cantona, vista espléndida y bajada pedregosa y rodeando el complejo de Karst en Yesos llegamos a Sorbas, en donde en el restaurante El Suave comimos una comida sin fin, 3 horas estuvimos, con un pica pica bien y unos segundos mal.

La digestión la hicimos subiendo al pueblo de Sorbas, que conocimos bien y al que dimos varias vueltas mientras peleábamos con el track, finalmente aburridos bajamos a la carretera donde al mecánico se le rompió la funda del cambio.

No acabarían ahí nuestras penalidades, al poco volvimos a perder el track, hicimos camino de más que reculamos y nos encontramos en una riera sin salida, aunque el instinto montaraz del bestiola finalmente lo volvió a encontrar.

Hubo que echar pie a tierra y arrastrar máquina e impedimenta, todos menos él claro, y ahí pago la soberbia rompiendo la cadena, que el mecánico muy gentilmente y en su papel, arregló.


Con la sierra de Filabres al fondo y aunque veíamos el camino que era la rambla de Gochar, no lo supimos encontrar; con el desespero el grupo se deshizo y tres fueron por carretera, los otros todavía nos perdimos alguna que otra vez.

A la hora que cumplía la ley mencionada anteriormente llegamos.

A sugerencia del escribidor y gracias a gestiones de éste con el responsable del hotel, el mecánico que estaba desnudo e indolentemente echado en la cama, se vistió, consiguió que un chaval le agenciara una funda del cambio por 15 € y arregló la avería.

El famoso físico Pescatore, con generosidad, le dio una cubierta a fin de que no pinchara más con la suya que de tan rodadora que era ni grueso de goma tenía que protegiera la cámara.

Ni el local ni la cena estuvieron a la altura dels follets (Hotel Las Escapadas), todo no puede ser. Paseamos un poco y a dormir. Por lo menos eso es lo que hizo el escribidor.

¡tampoco fue brad zul!

3ª etapa: Uleila del Campo - Bacares (43 km 1460 m+)

Hoy tocaba ir a Bacares, etapa cortita 43 km, si esta no era brad zul apaga y vámonos.

El desayuno fue flojo, en línea con la cena. En la limpieza metódica a la que sometemos las bicis, la de la Pan estaba pinchada.

Se hizo tarde, ya hacía mucho calor, a pocos kilómetros del inicio al bestiola le fallaba el cambio. Con una actuación brillante, aunque demorada, el mecánico lo arregló, la cadena estaba al revés.

En esa espera daba pena ver a los follets arremolinados y amilanados bajo las copas de los olivos.

No acabó ahí la pérdida de tiempo, al agruparnos de nuevo, el bestiola se dio cuenta de que había perdido el GPS y volvió a buscarlo, encontrándolo al fin.

Pero el tiempo había pasado sin pausa y llegamos a Senés, base del asalto a la sierra de Filabres y a sólo 18 km de Uleila, pasado el mediodía.

Atacar Filabres era hacer 900 m+ y decidimos comer. Fue la perdición del escribidor.

En Comestibles Fernández, una camarera dicharachera y con unas posaderas fellinianas nos dio de comer los restos que tenía del domingo, al no tener otra cosa, “muchos hombres y pocos huevos” fue su respuesta a los bocadillos de tortilla que pedimos. El tema se demoró y las jarras se vaciaban sin cesar.

En el escribidor ese liquido dorado y espumoso fue llenando el espació de los nutrientes, sin nutrir.

Al fin partimos con trote lento, el grupo se iba estirando conforme la cuesta iba abriendo el ángulo de la pendiente y después de adelantar al grupito que estaba arreglando el primer pinchazo del bestiola, el que esto escribe fue viéndolos distanciarse poco a poco a lo largo del zigzag infernal de la pista.

Como le fallaba el fuelle, puso pie a tierra y comenzó su calvario. ¡Una andada!

La solidaridad del “from my blackberry” y del bestiola al cargar con su bici en la última rampa dan idea de su estado lamentable.

Ahí apareció el heterónimo del de “from my blackberry”: el Dr. Hidalgo, al que juré cumplir sin dilación y sin pausa todas sus prescripciones. Y así fue como mejoré.

En la cima la gente sesteaba. También habían sufrido, pero menos.

Como era llanear y bajar el escribidor se recuperó y llegó entero al Hotel Las Fuentes de Bacares, situado sobre un escarpado desde donde se veía la subida del día siguiente.

Alojamiento muy recomendable, rústico, con una impresionante brasa, que estaban entonces avivando y donde la cena nos colmó.

Para el escribidor dieta de agua y como mucho burbujas.

El pueblo también es muy bonito como pudimos ver en el paseo nocturno para ayudar a digerir. Otros, más sedentarios, prefirieron el JB y el pacharán con la excusa de componer…

Ya habían pasado tres noches nos acercábamos al ecuador y algún que otro comentario oí, sobre cuáles serían los meritos necesarios para compartir habitación con la /a. Desde luego que la edad no! Hasta este momento sólo los había escogido jovencitos. Al día siguiente escogió uno de mayor….el que roncaba espantosamente. Sólo en secreto de confesión diré quién dijo lo de espantosamente.

4ª etapa: Bacares - Embalse de la Bolera (99 km. 1450 m+)

El clima era más fresco, se notaba el bosque, y también que habíamos adelantado la hora de diana. La carretera empinada que veíamos desde el hotel y una pista con el aroma dulzón de la flor de las robínias nos llevaron a Rosariera, una zona de picnic con una piscina natural en donde nos relajamos; una buena pista de bajada nos llevó a Serón, (viven del curado del jamón).


Al poco nos perdimos, el track nos continuaba haciendo de las suyas, hicimos una subida gratis, no sería la última, al no encontrar las ramblas del Almanzora y del Ramíl. Al fin lo conseguimos, se iba bien por las ramblas, había arena pero no mucha, en algunas zonas el suelo estaba húmedo y refrescaba y en otras algo de vegetación lo que se agradecía.

Hicimos una parada en el pueblo de El Hijate, entramos a saco en un colmado: fruta, líquidos y calabaza confitada; le dijimos a la dueña que cobrara a ojo, que no se molestara. Lo comimos a la sombra de un murete. Alguien dijo algo respecto a parecernos a los travessaires, ni caso…

Continuamos por la meseta de Baza atravesando campos de cereal y así llegamos a Baza.

En el restaurante Casa Grande comimos un menú de 7 €, pan, aceite, sal, ensalada, gazpacho, pescado, carne, etc. y el menda dieta liquida light, hasta seven up me hizo tomar el Dr. Hidalgo. Amén a todo.

Al reemprender el pedaleo, el mecánico pinchó, estábamos en la plaza de la catedral y dio para echar una cabezadita. El calor era infernal, ese día alcanzamos casi 40ºC. Como en Sorbas el autor del track nos hizo visitar el pueblo, al final acabamos en una fuente pública haciendo una guerra de agua, ¡como niños!

Finalmente salimos en dirección a Cortes de Baza, pusimos plato grande y con una brisa caliente en la cara (calima) atravesamos grandes extensiones de cultivos de huerta y cereales hasta la sierra de Jabalcon, en donde plantaciones de álamos nos sombrearon y en el río Castril, los unos nos descalzamos y remojamos y otros, los más quisquillosos no, diciendo que el agua estaba sucia. Mentira, era el color del suelo de yeso en disolución.


En Cortes, hicimos una parada corta, que unos quisieron más larga en un bar que era una peña del Real Madrid. Nadie tomó cerveza, la dieta del Dr. Hidalgo iba ganando adeptos. Nos volvimos a refrescar en un caño mezquino antes de salir del pueblo.

Nos íbamos adentrando en el paisaje extensivo del olivar que ya no dejaríamos de ver, de cerca o de lejos.

Atravesamos Campocamara sin pena ni gloria, rodeados de cereales y olivares y viendo Cazorla cuando ya atardecía.

Todavía quedaba tralla aunque psicológicamente no lo parecía: primero un camino con pendiente por un olivar inacabable y al llegar a la cima, Cerro de las Disputas se llamaba el lugar, bici al hombro y a patear unas rocas de granito primero en plano y después en bajada, para probarlo todo, que no se diga. ¡Ni el sendero se veía en las rocas!

El vocabulario empeoró bastante en este tramo. Los últimos cincuenta metros se podían hacer en bici y nos llevaron al bosque de pinos que rodeaba el pantano. Estábamos en el Parque de Cazorla.

Unos cuantos hicimos turismo por el embalse, otros fueron directos al hotel Los Nogales, en Pozo Alcón a 3 km.


A todo esto eran las nueve y tanto….

Ahora sí, dijera lo que dijera el Dr. Hidalgo, nos merecíamos unas fantásticas cervezas en jarra helada y así fueron pedidas y saboreadas acompañadas de aceitunas partidas y tapas de carne en adobo. Fue un buen recibimiento.

Habitaciones de lujo. Hasta tresillo y hogar tenían.


El Berni estaba contentísimo, había ligado con el que más adelante rompería la bici Trek Fuel de Carbono, y esperaba su noche loca. ¡Finalmente iba a …!

La Pan había otorgado su gracia a un mayor. ¿Por qué ése? nos preguntábamos los otros mayores.

Mayores, ¿es alegórico o metafórico, Pan?

Nos duchamos y dentro de la estrechez que permite nuestro sucinto equipaje bajamos limpios y emperifollados a cenar.

En la mesa el ambiente para la etapa de mañana era de pavor, no había ni agua, entre el inicio de etapa y Pontones, al final el familiar, la Pan, y otros con temple serenaron los ánimos de los medrosos.

Pedimos que nos preparan bocatas y fruta, (el de atún triunfó, es que así no estará muy seco decían, están en todo), sería el día del picnic, aunque eso nos iba a retrasar la salida en una hora larga.

Al hotel le fallaba el servicio de restaurante, era escaso; el primero fue un pica pica, excelente; el segundo, se demoró y hubo diversidad de opiniones.

¡Ah! El toque lo puso el comentario del de la Trek Fuel, diciendo que como el sitio era tan guay, que ¿por qué no nos quedábamos un día más? Varios fueron a su yugular…..pero acabamos bien. Si queréis digo los nombres…

5ª etapa: Embalse de la Bolera - Hornos (94 km 1590 m+)

Salimos muy tarde, muy pasadas las nueve, pero la belleza del paisaje de Cazorla al empezar a pedalear fue alejando los temores que arrastrábamos de días anteriores y empezamos a disfrutar del recorrido, primero contorneando el embalse de la Bolera y después de alcanzar la cima, siguiendo el curso del río Guadalentín.

Era extraordinario, el murmullo del agua, abundante y que fluía rápida por unos cauces anchos, la vegetación, el suelo alfombrado de piñas, el frescor… bueno más que frescor, humedad, nos dimos un buen remojón en el río con ropa y zapatos, tiempo tendríamos de secarnos….

Alcanzada la cima, a unos 1800 m. de altitud, y bajo el enorme pino que da sombra al monolito que recuerda al amigo del hermano lobo, hicimos el picnic y ganduleamos un poco, no mucho, quedaba demasiado trecho….pero el rollo era bueno, las averías no presionaban y el familiar y su maestría con el roadbook hacía que los kilómetros cundieran.

Al reemprender la marcha y en la misma altitud, el paisaje cambió, se acabó el idílico y empezó uno agreste, pedregoso y soleado!

Los llamados campos de Hernán Perea, en la Sierra del Segura, se hicieron inacabables, el agua ya escaseaba y la que teníamos estaba recalentada e imbebible, algunos cogieron agua de abrevaderos de cabras y ovejas, no era una opción recomendable.

Es en esos momentos cuando se forja la felicidad indescriptible del primer sorbo de cerveza helada al final de la etapa. No es beber por beber sin ni siquiera tener sed, es beber aquel líquido en el que has estado pensando durante decenas de kilómetros.


Al fin llegamos al nacimiento del Segura, muy bonito, y a continuación a Pontones, en donde tirados en una acera enfrente de un vulgar colmado, bebimos, y comimos porquerías bajo la guía y el aliento de los de las patatas guarras. Alguien volvió a hablar de los travessaires y de su rutas por los supers….

Continuamos por el cañón que forma el río Segura a poco de nacer y más adelante remontamos el arroyo de Masegoso hasta la carretera de la cumbre, que hace de divisoria de las vertientes oriental y occidental, y ya en su punto más alto, el pico del Yelmo, con vistas espléndidas del embalse del Tranco y de las sierras que lo rodean, empezamos a bajar hacia Hornos de Segura por la carretera del barranco de la Garganta, que supongo que los que montaban trek, ktm, felt, y demás que no eran ni yo ni el 62añero, que no 61añero, pues era su cumple, harían a velocidades de 60 km/h o más….

En el Hostal El Cruce nos reunimos y nos aplaudimos; saboreamos “el momento cerveza helada” (el Dr. Hidalgo asintió) y unas tapas en la misma terraza al aire libre en la que más tarde cenaríamos con buena temperatura y mejor ambiente.

La cena fue a base de platos de buena calidad y cantidad inhumana de la que los follets dieron buena cuenta con facilidad, y con el cumpleaños feliz y 2 cavas pagados por el celebrante nos fuimos a dormir tras cuatro pasos de paseo.

6ª etapa: Hornos - Venta de los Santos (73 km 1105 m+)

Desayuno en la misma mesa al aire libre que en la cena, acompañado de trinos de los aviones, golondrinas y vencejos que tenían sus nidos en las ventanas de nuestras habitaciones.

Estuvo bien surtido y el servicio fue agradable: tostadas, naranjada natural, jamón, cafés, etc.

Ésta era claramente una brad zul; arreglamos varias cositas como el portaequipajes de la Pan y salimos de bajada; ya en el primer cruce el mecánico, con urgencia por atesorar más cámaras sigue recto hasta el primer pueblo a comprarlas, acompañado por el Antonio, sin decir nada claro!

Tocaba esperar. En el cruce había un todo terreno de la Benemérita aparcada, con dos guardias civiles a la caza de malhechores e infractores, vaya ganándose el pan.

Paramos, apoyé mi Specialized Stumpjumper en el chasis y a su sombra me cobijé; al poco los otros fueron haciendo los mismo. En nada habíamos entablado una cordial conversación sobre el tiempo y la peligrosidad de la carretera con los picoletos, pere dixit!

Vueltos de las compras, continuamos con el track que nos hacía bordear el embalse del Tranco, a tope de agua, por un sendero arbolado y ciclable; estábamos con otra perspectiva de las montañas que habíamos visto ayer desde la cima del pico del Yelmo.

Fueron 10 kilómetros hasta la presa, desde allí el camino se encabritaba durante un buen trecho; íbamos a las cumbres de Beas, a ratos era bueno y otros no tanto, la vegetación frondosa pero con sol, ¡peligro abejas! indicaban varios letreros.


Con tesón y un buen rato dándole a los pedales a eso de las dos estábamos en la bajada a Beas de Segura, 5.000 habitantes, parecía mayor por lo que costó atravesarla, en donde nos esperaba el menú delicioso del Hotel Restaurante Avenida, que fue otro hito gastronómico: gazpacho, habas con jamón y huevo, melón, canalones, macarrones, etc.

Hacía rato que la Massi del mecánico berreaba - quizá el núcleo dijo - esperamos a que abrieran las tiendas a las cinco para nada, jamás habían oído hablar de pieza parecida.

Mientras tanto algunos se habían echado una siesta, tan tranquilamente, en el hall del hotel.

La pundonorosa pan, nada de siesta, aprovechaba para entrenar subiendo la rampa del parking del hotel 3 pisos, alucinábamos, ¡en plena digestión!

El bestiola, en su personal duelo con el mecánico para ver quien tenía más averías este año, pugna que dilucidarían entre ellos dos, consiguió cambiar tres cámaras para un solo pinchazo.

Las 6 horas. Los nervios a flor de piel. ¡De brad zul nada!

Pedaleábamos con prisa, otra vez el tiempo se nos echaba encima, bordeamos el aeródromo El Cornicabral, pasamos el río Guadalimar por el puente Mocho, (de los romanos), el río llevaba caudal; por senderos entre olivares inmensos, pasamos Camporedondo y dejamos atrás Chiclana de Segura, que hacía rato que veíamos encaramada en una colina, y pensábamos que era el fin de etapa (“quién sube a Chiclana pierde más que gana”) y justo entonces el bestiola haciendo honor al mote, rompe el portaequipajes por dos lugares. Se masca la tragedia.


El familiar, a la llamada de la sangre, sale raudo en auxilio del cuñado que ya estaba siendo ayudado bajo la dirección del mecánico; con un montón de bridas y cinta americana se consiguió apuntalar los restos de estructura y poder continuar el camino a Venta de los Santos, adonde llegamos cumpliendo religiosamente la ley de Lavinius.

El techo en esta etapa nos lo proporcionaba la casa rural El Zorzal, una construcción nueva con aires rústicos y agradable; el aplauso de fin de etapa, la cerveza y demás refrescos en la barra, el reparto de las suites y los consiguientes compañeros de habitación, la liberación que supone sacarte el maillot y el culote que has llevado pegado al cuerpo todo el santo día y que poco a poco va mineralizándose con tus propias sales, la ducha rápida y el adecentamiento cotidiano dieron paso en un santiamén a la cena y más dada la hora, que fue más bien prosaica.


Al pasear después de cenar hacía fresquito y soplaba aire de tormenta. Como había pronosticado la benemérita de buena mañana ¿nos mojaríamos mañana?

7ª etapa: Venta de los Santos- La Carolina ( 93 km 1800 m+)

El desayuno en el bar fue el básico sin extras y un tanto desorganizado, pero al final cumplió su cometido.

Después de la limpieza de las máquinas y con viento fresco (algunos estrenaron impermeable) empezamos la que sería la última etapa camino de Aldeahermosa que atravesamos encima del track que por ahora iba bien, adentrándonos en Sierra Morena por buenas pistas con un paisaje arbolado y agreste en el que veíamos de tanto en tanto ciervos y rapaces.

El tiempo cundía, los kilómetros caían y el clima era ideal para pedalear: claros y nubes, pero no iba a continuar de esta guisa, la Pan, pincha, y en la cháchara de la operación el mecánico se da cuenta que tiene una fisura en el tirante que une la biela con el eje trasero y soporta todo el peso de ciclista y bagaje.

Es la primera vez que una avería tan sería nos amenaza.

Después de asegurar la fisura con un alambre de un grueso considerable y recubrirla de cinta americana, reanudamos la marcha con el mecánico amenazado y por extensión el grupo. El objetivo es alcanzar Aldeaquemada y allá decidir.


Al poco, vemos al bestiola, que a media mañana y con ventitantos grados de temperatura, va con el impermeable y la capucha puestos y el buff tapándole la boca.


¿Qué pasa? Pues que es humano y está jodido: está resfriado, respira mal y tiene escalofríos, seguro que tiene algo de fiebre. Se le receta más Iboprufeno con el mismo objetivo, llegar a Aldeaquemada y ver qué se hace.

Gracias a la bondad de la pista y después de saltar una cancela con truco, tiene una abertura lateral para dar un poco de emoción, la plaza principal de Aldeaquemada que es preciosa, nos recibe doblemente, con su arte y la hospitalidad del bar restaurante La Estrella, “comidas caseras y exquisitas recetas de caza“, y era verdad, entoldados y sentados en medio de la plaza repusimos fuerzas con patatas bravas y un guiso de carne de monte que estaba delicioso.

Como el bestiola había mejorado y la bici del mecánico no había muerto del todo, y hasta los Órganos de Despeñaperros que era la próxima parada, se podía ir por carretera, decidimos separarnos y encontrarnos allí.

Con tenacidad y suerte nos reagrupamos para la que sería la comida por antonomasia de la travesía en la Finca Collado de los Jardines, a la que se llegaba salvando 100 metros de desnivel de bajada.


En una casa rural encantadora y reconstruida con respeto, en un comedor con un techo de 6 o 7 metros de alto, vigas de madera y un mobiliario de anticuario, nos sentamos para el banquete: gazpacho, caldo, pipirrana, ensaladas, tortilla de patata de 8 huevos para la Pan, chuletones de animales extinguidos y piernas de cordero al horno, todo ello con raciones de guarnición exageradas y cantidades de líquidos a la par. Postres con derecho a repetición y los cafés consabidos nos prepararon para continuar.


Para el mecánico ahí acabó la travesía. La sugerencia al dueño de la casa rural, a indicación de un tercero, de si podía acercarlo al destino y la respuesta positiva de éste, le salvaban la papeleta.

Era la primera vez que nos ocurría, una avería descolgaba un ciclista.

Para el resto y hasta enlazar con el track, los 100 metros de desnivel eran ahora de subida y con la digestión; desde la cima donde estaba el que será centro de interpretación de la sierra de Despeñaperros, bajamos por una carretera secundaria hasta la autovía que atravesamos para empezar atravesar el Parque Natural de Despeñaperros.

Justo empezar a subir, pasada la zona conflictiva de las obras con el continuo paso de camiones y demás, a la trek fuel de carbono se le despegó la pieza de sujeción de la suspensión y el cambió al cuadro. ¡Adiós!

Por suerte, salvauge logró contactar con el móvil del mecánico, ¡un milagro fue! y el dueño de la casa rural que ya iba a llevar a xapi los recogió a los dos en su 4x4.

50 € bastaron para solventar dos problemas complicados pero crearon otro que aparecería más tarde.

Los 10 restantes recorrimos por pista el corazón del parque, disfrutando de vistas espléndidas desde la cima de la sierra, atravesando bosques frondosos de pinos, encinas y alcornoques, (había explotación de corcho) que nos llevaron a Navas de Tolosa y a La Carolina, tras un acceso complicado por carretera.

El aplauso final en la puerta del HR La Gran Parada puso fin a la etapa, siendo la hora la de siempre.

Interesante este hostal, un auténtico hotel magrebí, como los de Marraquech, en plena provincia de Jaén.

El familiar, responsable de la etapa, se justificó aduciendo que el abultado dispendio de la comida se tenía que compensar.

Con buena voluntad los nominados por sus máquinas habían reservado cena en el NH La Perdiz.

En la calle hacía frío, así la idea de ir directos a la cena y más dada la hora, fue aceptada de buen grado. El local era agradable como corresponde a un NH pero la cena fue doblemente mal, gastronómicamente y socialmente.

A los postres surgió a nivel genérico el tema de si el grupo debía hacerse cargo de los costes de una situación como la provocada por las averías, llegándose a la conclusión tras serio debate que no.

Este final agrió la vuelta al hostal.

Por la mañana un replanteamiento de la corta etapa que había que hacer hasta Baños de la Encina y los inconvenientes que ocasionaba a la larga jornada de vuelta que nos esperaba, hicieron que ahí acabara la Almería - Jaén de la TransAndalus.

Se pedalearon 578 kilómetros con 9.674 metros de desnivel positivo y se quemaron 23.000 calorías para hacerlos que fueron conveniente y constantemente repuestas.

Le agradecemos a la diosa Fortuna el haber estado con nosotros hasta el penúltimo día, pero ¡podía haberse quedado un día más!

El próximo cava, creo que sin discusión, ¡a medias entre el mecánico y el bestiola!

Los doce follets que han participado en esta travesía han sido :

Salvador Auge, autor de ¿porqué no nos quedamos un día más?

Antonio Boza, antónimo de silencio, incluso durmiendo.

José María Chaparro, el mecánico y su victima.

Dionis Hidalgo, alias Dr. Hidalgo.

Pere Lacueva, a él no le hacen mella las birras.

Bernat Laviña, ¡qué mal carácter pone la falta de sueño!

Miquel Molero, hace hasta lo que no puede.

Joan Palou, ¡cumpleaños feliz… cada año!

Angels Paneque, un trozo de Pan de mujer.

Lluis Planagumà, la fuerza sin control de la naturaleza.

Gusmà Porcar, mr. Roadbook… y está más maduro.

Pau Ratés, …léeme los labios… son las piernas y no la ktm.